diumenge, 22 d’abril del 2012

Capítulo 152: Su mismo aroma de siempre

Realmente lo necesitaba. Necesitaba hacer el amor con ella. Con la única que me siento perfectamente satisfecho. Con la única que es capaz de hacerme tan feliz. Había sido increíble: sus caricias, sus besos, su olor... y su forma de hacerme sentir querido mientras yo lo daba todo de mí. Sus "te quiero", sus "me encantas", me volvían cada segundo más loco mientras sentía su cuerpo pegado al mío, como si nada nos pudiera separar. Amé el momento en que no paraba de susurrar mi nombre por el enorme placer que sentíamos ambos. Y sus caricias en mi espalda después de esforzarme tanto para satisfacerla...
-¿Cómo te sientes?-le susurré una vez habíamos terminado. Nos encontrábamos desnudos en su cama, con su mismo aroma de siempre. A oscuras, de lo tarde que se había hecho ya. Y me estaba rascando el brazo cuando me di cuenta de que Anna aún no me había contestado.
-¿Anna?-susurré acariciando su brazo izquierdo. Coloqué mi mano en su mejilla y le acaricié el párpado inferior con mi pulgar. Noté un tacto húmedo y me di cuenta de que estaba llorando en silencio.
-No llores, mi amor.-le susurré al oído. Al momento, oí un fuerte sollozo por su parte que se enmudeció al notar el contacto de mi mano en su mejilla.
-Ha.acía t.tanto tiemp.po que n.no me llam.mabas as.sí...-susurró con la voz entrecortada por su llanto.
-Shhh... Te quiero Anna. Y no sabes cuánto he echado de menos llamarte así.-le dije plantándole un tierno beso en los labios.
-Uff... no sabes cuánto te quiero...-susurró a dos milímetros de mi. Seguidamente, se lanzó a mis labios besándome con fuerza y yo le respondí aún más efusivamente probando sus lágrimas que habían bajado hasta sus tiernos labios.
-Mmm... estás salada.-le susurré al separarme.
-Jajajaja.-empezó a reírse de caras a mí, aún con sus manos aferradas a mi cuello. Me abrazó y estuvimos otro rato más pegados, disfrutando de la sensación que nos causaba el simple contacto de nuestra piel. Y acariciándonos mutuamente, como si ésta fuera de terciopelo.
-Anna, ¿puedo hacerte una pregunta?-susurré de repente, acariciando su mejilla con mi mano.
-Claro.-respondió mirándome fijamente a los ojos.
-Dime... por qué aquel día de en verano, cuando te lo pregunté, ¿no me... elegiste a mí?-dije bajando mi mano por su cuello. Se quedó callada un instante, como si no se esperara mi pregunta y tuviera que pensárselo dos veces.
-Pues... porque... tenía miedo...-dijo con la voz entrecortada mientras posaba su mano encima de la mía.
-¿Miedo? ¿Miedo de qué?-pregunté extrañado dejando de acariciarle el cuello por unos segundos.
-De... de que lo nuestro no funcionara Dani, de que me arrepintiese de haber dejado a Miki o de que me dejaras tú después. Tenía miedo de sufrir. No quería pasarlo mal otra vez y sin darme cuenta, me hice daño a mí misma dejándote escapar...-dijo bajando su mano y su mirada a la vez. Vi como sus labios empezaron a temblar y me acerqué mucho más a ella hasta tocar mi nariz con la suya.
-Shh... eh... tranquila. Todo eso ya pasó.-le susurré volviendo a acariciar su mejilla. Me miró otra vez a los ojos y sonrió tímidamente.
-Tienes razón.-susurró ella tirando su dulce aliento hacia mi boca. Abrí un poco mis labios y besé los suyos suavemente cerrando los ojos. Al separarme, Anna me cogió del cuello y continuó besándome intensamente. El roce con sus labios, me hizo temblar por completo. Y se separó lentamente, como si le diera miedo dejar de besarme.
-Tengo mucho sueño...-dijo tan bajito que casi no lo oigo.
-Yo también...-dije en el mismo tono de voz.
-Pero no quiero dormirme...
-Yo tampoco...
-Dani...
-Anna...
-Te quiero.
-Y yo a ti.-le contesté cogiendo su mano suavemente y entrelazando nuestros dedos. Y así, relajamos nuestras manos sin separarlas aún, y con los dedos entrelazados, conseguimos dormirnos en poco más de un minuto.

dijous, 5 d’abril del 2012

Capítulo 151: Una noche perfecta

Ese día me fui a cenar con Cris y tiré lo que había estado preparando para Anna. No me notó nada raro, así que estuve tranquilo porque sabía que no se podía enterar de nada de lo que había pasado entre Anna y yo.
Pasó una semana entera. Deseaba que llegara ese fin de semana. No porque me iba yo, sino porque se iba otra persona: Cristina. En parte me sentía mal porque la quería, era mi novia. Pero tenía tantas ganas de estar con Anna que a veces se me olvidaba. Y ese preciso finde... Cris se iba a Brasil; a grabar un largo reportaje con parte del equipo. La veía muy emocionada, además tenía muchas ganas de ir en el "Rock in Río". Me gustó verla así. Ese viernes la acompañé hasta el aeropuerto y allí me despedí de ella.
Anna se quedó en Madrid porque Miki tampoco estaba en Barcelona así que todo estaba preparado para ser perfecto. Después de despedirme de Cris, me fui a casa de Anna, como ya habíamos quedado. Me recibió con un fuerte abrazo, de esos de los que me daba cuando éramos novios. Sonreí como un tonto al separarme de ella.
-Hola cuqui.-le susurré.
-Hola guapísimo. Vamos, pasa.-me dijo abriendo un poco más la puerta.
Estaba preciosa, se había planchado el pelo y llevaba un vestido gris algo corto. Yo también me había arreglado, pero no le llegaba ni a la suela de los zapatos. La cogí por detrás al verla dirigirse hacia la cocina.
-¿A dónde vas con tanta prisa?-le susurré al oído al frenarla. Se rió agarrándome del brazo.
-¡Pues a la cocina a ver cómo está la cena!-respondió aún riéndose.
-¿Y me dejas así? ¿Sin darme ningún mimo?
-Jaja pues sí...-dijo fingiendo ignorarme.
-¡Anna!-me quejé mientras la giraba para que se quedara de caras a mí. La miré a los ojos sonriendo, porque no me podía contener esa sonrisa de tonto que siempre que me mira me provoca. Al verme, tampoco pudo contenerse y nos besamos intensamente. Demasiado, para ser el primer beso de la noche. Cuando ya estaba probando sus labios, se separó de golpe.
-Y ahora... me voy a la cocina.-dijo. Entré yo también en la cocina y vi que la cena ya estaba casi lista. La cogí otra vez por detrás, colocando mis manos en su cintura y dejándolas allí, acariciando su barriga.
-Mmm... qué buena pinta tiene esto...-dije pasando mi nariz por su cuello.
-Hombre, que lo he preparado yo, eh...-dijo sintiéndose orgullosa.
-No, si no me refería a la comida...
-Jajaja ¡Dani! Que primero vamos a cenar.
-Vaaaale...
Aún no era consciente del tiempo que llevaba sin hacer el amor con Anna, pero realmente habían pasado meses después de nuestro último tiempo juntos. Y ahora mismo, sabiendo que tenia la oportunidad, no me podía aguantar las ganas de hacerlo.
Nos sentamos en la pequeña mesa que hay en su cocina y ahí cenamos. Me contó que había estado toda la tarde de compras por Madrid, ya que hacía mucho tiempo que no iba. Y mientras me describía cada prenda de ropa que se había comprado, yo seguía escuchándola, mirándola fijamente, sin perder ni un detalle de sus gestos, pero perdiéndome libremente en su mirada.
-Y eso es todo. ¿Tú que has hecho?-dijo al acabar.
-Pues, he acompañado a Cris en el aeropuerto.
-Ah...
-Pero no vamos a hablar de eso.
-No. ¡He comprado postres! ¿Quieres?-dijo levantándose y andando hacia la nevera.
-Ooh ¡claro que quiero!-y así fue como los sacó y nos comimos rápidamente el postre de chocolate porque estaba demasiado bueno.
Aún seguíamos hablando cuando empecé a cansarme de tanta charla y como ya habíamos terminado, me acerqué a la silla de Anna y la cogí por la cintura, mientras le daba un lento beso en la mejilla. Me cogió la cara y me dio un beso en los labios.
-Dani... antes tenemos que recoger esto.
-¿Qué? Ni loco. Ya lo recogeremos luego. Ahora ven aquí.-le dije levantándome y cogiéndola por debajo de su espalda y sus rodillas, como a una niña pequeña me la llevé hasta su habitación y la dejé caer en su cama.
-Por fin. Cuánto cuesta llevarte aquí, ¿eh?-le dije mientras me miraba desde su cama.
-Jajaja te veo con ganas ¿eh?
-Cómo para no tenerlas... le dije apoyándome en su cama también y dejándome caer poco a poco encima de ella.
-Te quiero.-le dije mirándola a los ojos. Se puso seria y me empezó a besar lentamente. No me podía creer que me encontrase así, besando a Anna, en su cama, a punto de hacer el amor. Era tan extraña la situación, porque había pensado tantas veces que esto nunca más volvería a ocurrir... Me separé un poco y deslicé la cremallera de su vestido hacia abajo. Se lo quité tirando de él hacia abajo también ante su atenta mirada de deseo. Cuando ya se lo quité, mis labios fueron rápidamente hasta su barriga, subiendo hacia su escote, dejando un rastro de besos por el camino. Pero sus manos me detuvieron cuando me cogió de la nuca y me hizo mirarla a los ojos.
-Yo también te quiero. Y quiero que esta noche sea perfecta.-me susurró antes de morderse el labio inferior.

dilluns, 26 de març del 2012

Capítulo 150: Buena señal

Noté su aliento soplando en mi cara al momento de separar nuestros labios. Su mirada, fija en mi boca, subió hacia mis ojos esperando una respuesta.
-Guapa.-le susurré mirándola a los ojos.-eres preciosa.
Sonrió automáticamente y me dio otro de sus besos en los labios. Pero esta vez más corto. Menos intenso. Y se volvió a separar de mí.
-Dani… es muy tarde…-dijo después de mirar su reloj.
-Ya. ¿Por qué no te vienes a casa?-le propuse.
-¿Ahora? Pero si es hora de cenar…
-Por eso, quédate a cenar. Por favor… y luego te dejo ir. Pero quiero estar un rato más contigo.-le dije agarrándole la mano.
-Vale… tú ganas.-dijo mientras de mi boca salía una sonrisa.
-Gracias.-le contesté dándole otro beso en los labios.-Venga, vamos. Fuimos hasta mi coche, que seguía aparcado en el párking de redacción y subimos en él. La llevé hasta mi piso mientras dejé que manipulara un poco mi radio hasta encontrar una cadena de su gusto. Sonreí inconscientemente al oírla cantar.
-¿De qué te ríes?-me preguntó sonriendo ella también.
-Jajaja de nada… me hace gracia ver cómo cantas. Antes no lo hacías.-contesté divertido.
-¿Cómo que no? Pues… eso es buena señal.
-¿Buena señal? ¿Por qué?-pregunté extrañado.
-Porque, según mi madre… sólo canto alrededor de la gente con la cual tengo más confianza.
-Así que me has cogido más confianza desde que éramos… bueno, desde que salíamos juntos.
-Jaja eso parece…-me miró sonriendo otra vez.
Pronto llegamos a mi calle y bajamos del coche para subir al piso. Vi como miraba a todas partes para que nadie nos viera, cosa que también me hizo sonreír.
-Oye Dani… esto no se lo vas a contar a nadie, ¿verdad?-me dijo una vez dentro del ascensor.
-Claro que no… ¿a quién quieres que se lo cuente?-pregunté frunciendo el ceño.
-Bueno… me refería a Cris.-dijo bajando la mirada.
-Ah… no, puedes estar tranquila.-contesté pasando mi brazo por su espalda. Entramos en mi piso y fuimos los dos a la cocina. Le dije que se sentara en la silla, que ya lo preparaba yo todo. Empecé a hacer la cena y Anna no paraba de mirarme, preguntarme sobre mis actuaciones, mis padres, León, la radio… y poniéndose al día de toda mi vida actual. Menos de Cristina, claro.
-Anna, está muy bien que te quieras enterar de mi vida de ahora y tal pero… ¿no crees que deberíamos hablar de otra cosa?-le contesté después de un rato contestando sus preguntas.
-¿De qué quieres hablar?-me preguntó seria.
-No sé… de nosotros, ¿quizás? De lo que acaba de pasar… de lo que nos hemos dicho hoy. ¿Y de lo que vamos a hacer a partir de ahora?
-Ya… mira Dani… yo no quiero cambiar las cosas como están. No me refiero a nosotros, sino a todo lo otro. Ahora estoy bien como estoy y me ha costado estar así. Pero te quiero y no puedo evitar desear estar contigo también. Porque… ¿tú no tendrás pensado dejar a Cristina, verdad?
-Claro que no.-le contesté seguro. No le pregunté si ella lo iba a hacer con Miki porque ya sabía la respuesta.
-Pues eso.
-Sé que estamos haciendo algo mal pero… ¿qué más da? Prefiero estar así que no tenerte. Prefiero tenerte para mí unas horas a no tenerte nunca. Y me gusta que sea así. Tengo ganas de vivirlo de esta manera, ¿por qué no? Ya hemos sufrido demasiado… Podemos dejar de sufrir y pensar en lo que nosotros queremos. Estar juntos, ¿no? Pues lo vamos a hacer.
-Sin que nadie se entere-dijo ella decidida.
-Sin que nadie se entere.-repetí yo.
-Está bien.-resopló sonriendo mientras se acercaba otra vez a mí. Me cogió de la cara y volvió a besarme lentamente. Amo sus besos… Y mientras sentía el roce de sus labios en los míos, algo nos estorbó la “fiesta”. Un móvil que estaba sonando. Una llamada que, mucho a mi pesar, tuve que responder.
-Es Cris.-le dije a Anna después de colgar.-Dice que quiere ir a cenar conmigo. Y no le voy a poder decir que no…
-Claro, no pasa nada. Hemos quedado en que no íbamos a cambiar nada. Yo me voy a casa.-dijo sonriéndome. Cogió su bolso y la acompañé hasta la puerta.
-Lo siento. Pero, por otra parte, me gusta que sea así. Te quiero Anna.-le dije acercándome a sus labios por última vez.
-Te quiero guapo. Que vaya bien, hasta mañana.-me contestó con un pico y me dejó apoyado en la puerta. Un suspiro de felicidad inundó la entrada de mi piso. -Por fin… por primera vez, me siento bien despidiéndome de Anna. Creo que esta idea es la mejor que se nos podría haber ocurrido. Soy feliz…-.pensé.

divendres, 9 de març del 2012

Capítulo 149: Te necesito

-¿C.cómo?-se creó un silencio entre ambos que no tardó mucho en romperse.-¿Cómo que no iba en ese sentido, a qué te refieres, Dani?
-Ya lo sabes.-le contesté aún serio.
-No entiendo nada...-dijo sacando una media sonrisa.
-¿Qué es lo que no entiendes, Anna?-pregunté algo picado.
-No entiendo por qué me dices eso... si... si estás saliendo con Cris.-dijo poniéndose seria.
-Joder Anna... Si, estoy saliendo con Cris pero...
-¿Pero?
-Huh, veo que no pillaste muy bien mis indirectas de antes...
-Pues no.
-Que Cris es muy buena chica pero... que...-tragué saliva.-que estoy enamorado de ti, Anna.-dije notándome un nudo en la garganta. Mis ojos se entornaron y enseguida sentí que mis lágrimas ya estaban detrás de ellos, listas para salir. Hice un esfuerzo para mirar a Anna a los ojos pero al mirárselos, una lágrima bajó por mi mejilla. Inconscientemente, me tapé la cara con las manos.
-Eh...-dijo ella tocándome el brazo.-Ven aquí.-me abrazó con la mesa en medio de los dos, pero eso ya no nos importaba. Sentí el calor de su cuerpo en el mío y sus labios temblando en mi cuello, sensación que me hizo estremecer. Percibí el primero de sus besos, también en mi cuello, y enseguida noté como se erizaba cada parte de mi piel. -Jamás voy a olvidar esta sensación.-me dije a mi mismo. Anna se separó lentamente y me miró a los ojos. Vi que ella también los tenía llorosos y me salió una pequeña sonrisa.
-Quédate aquí, ahora vuelvo.-me susurró antes de entrar en la cafetería. Aproveché para quitarme las lágrimas y quedé apoyado en la pared, esperándola. Me sentía desprotegido, y libre a la vez. Como si todo sólo dependiera de mí en ese momento. Vivir la vida que yo quería, eso era lo que quería hacer.
-Ya estoy. Vámonos.-dijo Anna cogiéndome del brazo.
-Anna... lo siento.-le dije después de empezar a andar.
-¿Por qué?-me preguntó.
-Por decirte esto así, de esta manera... sé que tu también tienes pareja, pero... ¿Sabes? en este momento, me da igual todo. Creo que estoy harto de no hacer lo que quiero por vergüenza, o porque ahora parece que las cosas nos van bien. Pues no, a mí no me van bien. No estoy bien con Cris, necesito a alguien que me pueda satisfacer del todo... Y, ¿por qué no decírselo a ese alguien, si la veo cada día? ¿Si la tengo a un metro de mí cada tarde; si no puedo parar de mirarla, sonreírle, y soñar con ella cada segundo de mi día a día?-en ese momento, nos habíamos parado. Anna se había puesto a escucharme detenidamente, mirándome fijamente a los ojos. Su sonrisa hacía que mis ojos brillaran aún más.
-Uff... esto si que no me lo esperaba... ¿Sabes las veces que he deseado que tomaras esta decisión? No, no eres consciente de lo que siento por ti. ¿Crees que estoy bien cuando te veo con ella por el programa? ¡Si ya te lo dije! ese día, en tu camerino... me entró un ataque de celos y te lo dije. Te dije que sabía que no podías estar sin mí y que en realidad estabas enamorado de mí. Y fue muy egoísta por mi parte, lo sé. Por eso luego me arrepentí y te dije que me confundí y que las cosas estaban bien como estaban, que teníamos que ayudarnos mutuamente... pero no. No pienso eso.
-Joder... Me da igual todo. Quiero estar contigo, Anna.-le dije acercándome a ella.
-Y yo... te necesito.-susurró. Vi cómo se le encharcaron los ojos. Lentamente, le acaricié las mejillas con mis dos manos y me acerqué a sus labios. Temerosos, pero perfectos. Algo en mí me incitó a acercarme cada vez más, hasta rozar mi boca con la suya. Sus lágrimas ya se encontraban por sus mejillas, pero ella seguía inmóvil, esperando. Abrí un poco mis labios y la besé suavemente, haciendo que a ambos se nos cerrasen los ojos automáticamente. La besé sintiendo cada parte de sus labios en los míos como hacía tiempo que no sentía. Una serie de besos lentos que terminaron haciéndose suyos. Nuestros labios no paraban de acariciarse, mezclándose con sus lágrimas, que aún recorrían sus mejillas. Mis manos restaban en su cara, acariciando su piel y percibiendo aún más sus ganas de besarme. Abrí la boca y noté como ella abría sus labios también, para hacer el beso aún más placentero. Ambos nos pedíamos más y no fuimos capaces de despegarnos. Noté como sus manos se colocaban en mi espalda mientras su lengua, libremente, hacía camino por mi boca hasta encontrarse con la mía. Deseé mil veces que ese momento no acabara nunca. Y es que, sorprendentemente, nunca antes me había sentido igual.

dijous, 1 de març del 2012

Capítulo 148: Como si nada hubiera pasado

Los días volvieron a pasar como antes, como si nada hubiera pasado. Como si esa charla entre Anna y yo nunca hubiera existido. Mis días con Cristina cada vez se hacían más largos; salíamos, me acompañaba a todas mis actuaciones, le hacía regalos, íbamos a cenar, al cine, a su casa, a la mía, hacíamos el amor... pero todo se estaba convirtiendo en una rutina. Rutina que yo no era capaz de detener. Por una parte, tenía miedo y me negaba a estar solo otra vez, y por otra, quería a Cris, aunque no de la forma en la que quería a Anna, claro. La echaba de menos. La echaba tanto de menos... La veía cada día, pero seguía echándola de menos. Quería tenerla, pero era incapaz de demostrárselo. La empecé a soñar, día y noche, hasta que mi mente sólo estaba pendiente de ella. De nadie más.
-Anna, ¿tienes un minuto?-me dirigí a ella en el final de uno de los programas.
-Si, claro. Dime.-dijo acercándose a mí. Nos encontrábamos en su camerino, su mirada fija a la mía. Empecé a ponerme nervioso. Dios... me dije. Cómo puede ser posible... ¡por dios! ¡Que es Anna! La he besado tantas veces, y hemos hecho el amor otras tantas... pero, sin embargo, en ese momento, parecía como si nunca nos hubiéramos tocado. Al menos, para mí.
-¿Dani?-preguntó al ver que no reaccionaba.
-¿Eh? Si... que... quería preguntarte si quieres ir a tomar un café, conmigo.-por fin solté.
-Ah... claro, pero, ¿tu y yo, solos?-me preguntó.
-Si, ¿qué hay de malo?
-Nada, jaja. Cojo la chaqueta y nos vamos.-la esperé en la salida de la redacción. Era tarde, pero el Sol aún no se había escondido. Esperé a Anna unos minutos hasta que la vi salir con sus tejanos y sus botas que la estilizaban menos que los tacones, pero que hacían que yo la viera igual de perfecta.
-¿Vamos?-le dije sonriendo.
-Si.-me contestó con otra sonrisa. Nos fuimos andando calle abajo hasta encontrar la cafetería más cerca a nosotros. Anna se había hecho una coleta durante el camino y me había preguntado algo que me había molestado:
-Qué pasa, ¿que hoy Cris no ha podido quedar?-me preguntó mientras andábamos.
-Está de report, qué pasa, ¿que siempre tengo que estar con Cris?-contesté enfadado.
-Eh. Que era broma. Ya sé que está de report, tampoco hace falta que te pongas así.-dijo mirándome. Pero yo seguía mirando al suelo, con mis manos en los bolsillos.
-Perdona. Pero es que últimamente me paso las 24 horas del día con ella...-resoplé.
-Bueno, es normal, es tu novia. Y además, trabajáis juntos, ¿qué más quieres?-dijo mirándome extrañada.
-¿Qué más quiero? Pues... no sé, hablar más contigo, que últimamente sólo nos vemos durante el programa. Anna, tú lo dijiste, somos amigos, ¿no? Los amigos se ven más a menudo...
-Ya sabes que a mi no me gusta salir...-se excusó, bajando la mirada.
-Pero a un café no te puedes negar...
-Tienes razón. No sé, me da apuro preguntártelo, siempre pienso que ya tienes planes con Cris...
-Pues que no te de apuro, ¿vale?-le dije sonriéndole.
-Jaja, está bien.
Seguidamente, llegamos hasta la cafetería pero nos sentamos en una mesa de fuera. Anna pidió su cortado y yo una cocacola, era lo único que me apetecía.
-Ay el niño, que no toma café...-dijo después de que se fuera el camarero.
-Jajaja ¡oye! Que no me gusta...
-Lo sé.-contestó dedicándome otra sonrisa. Me encantaba que me sonriera de esa forma. Esa tarde fue cuando me di cuenta de que me estaba volviendo a enamorar Anna, aún más que antes, si cabía. Seguimos hablando hasta que nos sirvieron.
-Y... ¿qué tal con Cris?-me preguntó Anna.
-¿Vamos a hablar de Cris?...
-Vale, pues, ¿qué tal en la radio?
-Jaja bien, muy bien. Y tú, ¿qué tal, Anna? ¿Cómo te va?
-Pues... como siempre. Entre Madrid y Mollet, jaja. Parecemos dos viejos amigos que se acaban de reencontrar...
-Jajajaja oye, ¡que no soy yo el abuelo que se pasa el día encerrado en casa!
Pronto llegó la bebida pero nuestra estúpida conversación duró mucho más rato, hasta las ocho de la tarde. Y aún seguíamos hablando:
-Jajaja y qué quieres que haga...-dijo mirándome mientras se reía.
-Pues salir conmigo.
-Jajaja ya sabes que no me gusta salir... ¿¡cuántas veces te lo habré dicho!?-se quejó riéndose de mí. La miré sonriendo y luego bajé la mirada hacia el vaso vacío que aún restaba sobre la mesa.
-Ya lo sé. Es que... no iba en ese sentido.

dissabte, 25 de febrer del 2012

Capítulo 147: Olvidar el pasado

Me quedé unos segundos sin saber qué hacer ni cómo reaccionar. Aún estaba sentado en el taburete del bar, con la pasta mordida entre manos y observaba la chaqueta de Anna. Se había ido tan rápido... todo acababa de pasar demasiado rápido. De pronto, dejé la pasta en el plato y llamé al dueño del bar para que me cobrara. Le di un billete y le regalé el cambio:
-Quédatelo, voy con prisa.-le dije levantándome de mi taburete. Cogí la chaqueta de Anna y salí del bar casi corriendo. Una vez en la calle, el aire fresco de la mañana me acabó de despertar del todo: si, quería buscar a Anna. -No puede haber ido muy lejos...-me dije a mí mismo. Hacía unos minutos que Anna se había marchado. Crucé el paso de peatones y empecé a correr en dirección al programa. Sabía que encontraría a Anna de camino y quería verla. Noté como mi respiración se aceleró al instante, -Joder, últimamente no hago ejercicio...-pensé al oírme jadeando. No sabía la razón por la cual necesitaba hablar con ella pero creía que no me había dicho del todo la verdad. Seguí corriendo calle abajo hasta que la vi por detrás. Su pelo inconfundible y su peculiar forma de andar que por detrás aún la hace más humilde. Todo en ella es humilde, hasta cuando se tapa con los brazos porque tiene frío... -Un momento.-me dije. Sin darme cuenta, me había quedado paralizado mientras Anna seguía caminando. Le tenía que dar la chaqueta, pero andaba demasiado rápido. Empecé a correr otra vez entre la gente hasta que llegué a tocar su espalda con la palma de mi mano.
-¡Ah!!-gritó cuando la abracé por detrás. Se deshizo de mis brazos y se giró rápidamente.
-Jajaja... Tranquila, soy yo.-le dije aún jadeando. Seguía cansado.
-¡Dani! ¡Cómo me puedes pegar esos sustos! Casi me entra un ataque...-dijo nerviosa.
-No seas exagerada... Toma.-le dije entregándole su chaqueta.-te la olvidaste en el taburete.
-Ah... gracias.-dijo cogiéndola lentamente.
-¿Por qué no volviste para recogerla? He visto como ahora mismo te estabas tapando con las manos porque tenías frío...-le dije mientras miraba cómo se la ponía.
-Por...porque tenía prisa, ya te lo dije...-se puso aún más nerviosa, cosa que me sorprendió de inmediato.
-¿Anna? ¿Pasa algo?-pregunté cogiéndola por los hombros.
-No, no pasa nada. ¿Y tú por qué corrías? ¿Tanto necesitabas darme la chaqueta?-me contestó algo enfadada.
-¡Oye! Encima que me he molestado... si lo sé no-me cortó.
-Está bien... perdóname. Tienes razón. Te lo agradezco...-dijo bajando la mirada.
-Ahora me gustas. Pues, te quería encontrar porque... no me quedó muy claro lo que me dijiste en el bar.
-¿Lo que te dije?-preguntó frunciendo el ceño.
-Si, lo sabes perfectamente. Eso de que ayer confundiste tus sentimientos hacia mí y que... que en realidad sólo echabas de menos a Miki.-le dije mirándola a los ojos.
-Da..Dani es la verdad. Te dije la verdad...
-No me lo creo.-le dije serio.
-¿Qué?
-Que no me lo creo Anna, ¡ayer estuviste a punto de besarme! ¿Eres consciente de lo que estaba a punto de pasar entre nosotros dos?-le dije exaltado.
-Creo que exageras... No hubiera pasado nada.-seguía sin mirarme a los ojos.
-Anna, mírame a los ojos y dime que no me querías besar.-dije ya harto.
-Dani, yo-la corté.
-Mírame a los ojos y dímelo.-dije fríamente. Vi como su mirada ascendió hasta la mía y sus labios empezaron a temblar.
-No pasó nada porque no tenía que pasar. Y punto. Dani, sé que últimamente te he confundido bastante con mis sentimientos, mis miradas y nuestros roces, pero tú tienes razón. Ahora las cosas nos van bien. Tú estás con Cris, yo con Miki... el programa no puede ser mejor y Flo es feliz con nosotros. ¿Qué más vamos a pedir? ¿Vamos a cambiar las cosas ahora, y dejar que todo se vaya a la mierda? Me niego a hacer eso...
-Si si eso es lo que ambos queremos... Vamos a cambiarlo si eso es lo que ambos queremos Anna, ¿no es así?-dije. Me miró asustada durante unos segundos y luego abrió la boca.
-Claro. Y ninguno de los dos quiere cambiar las cosas, ¿verdad? ¿Tú... quieres dejar a Cris?-me preguntó con miedo en su mirada.
-¿Eh...? No...-contesté.
-Pues eso. Yo tampoco voy a dejar a Miki así que tema zanjado. Tenemos que ayudarnos a olvidar el pasado...-me dijo ahora agarrándome ella a mí.
-Viéndonos cada día, eso va a ser difícil...-contesté resoplando.
-Lo sé, pero, no perdemos nada en intentarlo, ¿no?
-No.-dije mirándola fijamente. Me sonrió sin mostrarme sus dientes y yo le devolví la sonrisa. La abracé fuertemente allí, en medio de la calle. Me devolvió el abrazo enseguida y me susurró algo que mi corazón quiso que fuera otra frase: -"Vámonos."

diumenge, 12 de febrer del 2012

Capítulo 146: Mis propias palabras

Poco después de lavarme la cara, recibí un mensaje de Anna: "No me esperaba esto de ti, quiero hablar contigo..." decía. Me quedé perplejo, inmóvil durante unos segundos. No sabía qué debía hacer. Al cabo de unos minutos, le contesté: "Lo siento. Mañana hablamos. Un beso." Anna no me contestó pero suponí que lo había leído. En ese momento me vino Cris en mente y decidí llamarla para saber cómo estaba. No me contestó al móvil y pensé que aún debía estar enfadada. Así que me dirigí hasta su casa para pedirle perdón. Llamé a la puerta varias veces hasta que oí su voz.
-Hola.-dijo secamente mirándome a los ojos.
-Cristina... dejame pasar, por favor.-le dije.
-Pasa...-contestó abriendo la puerta y dejándome paso. Entré en su piso y la abracé fuertemente.
-No me hagas esto...-le susurré al oído.-Cris, te necesito, no me hagas esto...
De pronto me devolvió el abrazo ella también y me besó suavemente los labios. La verdad es que necesitaba que alguien me abrazara de esa forma. Me sentía inseguro conmigo mismo, no sabía lo que sentía. En mi cabeza había un lío de sentimientos que ni yo mismo los entendía. Sólo tenía claro que quería que alguien me ayudara. Y Cristina no me defraudó. Acabamos los dos tumbados en su cama, hasta que hicimos el amor.
Después de un buen rato la llevé a cenar a una pizzería porque los dos nos estábamos muriendo de hambre y más tarde me fui a mi casa. Cris había vuelto a la normalidad conmigo y eso era lo que más le agradecí. Al llegar a casa encendí la tele y estuve un rato tumbado sobre el sofá. No entendía mi situación con Anna, lo único que no quería era perder a Cristina. Me sentía extraño... como si no fuera yo. Dejé la tele encendida y fui al baño para lavarme los dientes. Mientras, seguí pensando en ella. En Anna. En lo que me había dicho esa tarde en mi camerino... -No quiere volver conmigo.-me dije a mi mismo.-Debe de sentirse sola al no tener a Miki aquí en Madrid y eso le habrá creado una confusión...
Volví al comedor para apagar la tele y me fui a dormir aún pensando. Por suerte no tardé mucho en dormirme y los pensamientos que tanto llevaban estorbándome se esfumaron por completo.
A la mañana siguiente me levanté temprano. Eran las nueve cuando apagué el despertador. Cogí mi móvil de la mesita de noche y vi que tenía un mensaje nuevo. Era de Anna, me había respondido: "Ok, nos vemos." Me duché y me vestí para irme a desayunar al bar de mi calle. Saludé al dueño al entrar y me senté en la barra. Me sirvieron enseguida y me puse a comer. Mi mirada estaba completamente fija a la televisión del bar cuando de pronto alguien rozó mi hombro.
-Sabía que estarías aquí.-me susurró al oído. Me asusté y me giré aún con mi pasta en la boca. Vi sus brillantes ojos azules posándose en los míos y su hermosa sonrisa dibujada en su boca.
-¿Anna?-dije después de tragarme la comida.-¿Qué haces aquí?
-Jajaja sabía que te sorprenderías. Pues... quería hablar contigo y me fui a tu casa. Al ver que no estabas, me suponí que estarías por aquí y entré al bar y te he visto. Así que aquí me tienes.-dijo aún sonriendo.
-Jaja perdona por asustarme. Siéntate. Vamos, te invito a un café, ¿has desayunado?-dije señalando el taburete que tenía en frente mío.
-Gracias, pero ya he desayunado. Veo que tú aún lo estás haciendo. No tengas prisa, así hablamos aquí.-dijo quitándose su chaqueta tejana.
-Vale... ¿y, de qué querías hablar?-le pregunté limpiándome los labios con la servilleta.
-Pues... de ayer. De lo que te dije, y de lo que en realidad pienso.-dijo muy seria mientras me miraba a los ojos.
-Ah... si, yo también he estado pensando en ello. Y la verdad, sé que realmente no querías decírmelo. Sé que echas de menos a Miki ahora que él está en Barcelona y tu aquí sola... y te entiendo, de verdad. Entiendo que sea duro para ti y que ayer te confundieras un poco al estar conmigo. Pero no me tienes que pedir disculpas, Anna. Perdóname tú a mí por dejarte plantada de ese modo. Pero es que no supe muy bien cómo reaccionar...-dije cogiendo su mano derecha.
-Ah... ya... Si, si, tienes razón. No... no te preocupes por tu reacción. Me confundí y ya está.-dijo levantándose del taburete.
-¿Ya te vas?-le pregunté.
-¿Eh? Si... tengo, un poco de prisa... Necesito ir a redacción para preguntarle unos asuntos a Flo. Chao, Dani.
-¿No me vas ni a dar dos besos?-le pregunté sonriendo.
-Ah, claro, jeje.-dijo dándome dos besos.-luego nos vemos.
-Si, adiós Anna.-le contesté mirándola a los ojos. Pero me apartó la mirada sin contestarme y se fue rápidamente del bar olvidando su chaqueta en el respaldo del taburete.
La verdad es que no sé si me quería engañar a mí mismo para no sufrir otra vez más, para que las cosas continuaran así como estaban, pero me acababa de creer mis propias palabras, y las de Anna, también.

diumenge, 5 de febrer del 2012

Capítulo 145: Cobarde

Cris estuvo un día entero sin hablarme. Me pareció una reacción demasiado exagerada sólo por haber rechazado su intento de acostarse conmigo... pero vi que le dolió más de lo que me imaginaba. -Voy a tener que arreglar esto...-me dije.-como pueda. Lo único que me falta ahora es perder también a Cristina... no me lo puedo permitir. Al final me voy a quedar solo y todo por no hacer las cosas bien.
Esa mañana en redacción se notaba un ambiente extraño... Anna me miraba demasiado y Cris pasaba completamente de mí. La saludé al verla pero intentó ignorarme después de soltarme un simple "hola". Intenté no preocuparme mucho por eso. Durante la comida, estuve al lado de Anna. Se sentó después de yo hacerlo, así que no tuve más opción. Me miraba constantemente y yo no pude evitar mirarla también. Me sonreía aunque no sabía muy bien por qué. Después de la discusión que habíamos tenido el día anterior, parecía como si no hubiera ocurrido nada entre ambos. Anna hablaba conmigo, me sonreía y nos reíamos con otros compañeros en la mesa. Me encontré tan cómodo que por unos momentos, me olvidé de Cris. Y sin pensarlo, puse mi mano sobre el muslo de Anna, como hacía cuando estábamos juntos. Ella me la acarició con la suya y me miró sonriendo una vez más. Al mirarla, no pude evitar sonreír yo también y girar la mirada porque me estaba poniendo nervioso. Cuando me giré, vi a Cris, más lejos de mí, en el otro lado de la mesa, mirándome fijamente. Me aparté un poco de Anna, no quería cagarla aún más. Pero seguimos hablando durante el resto de la comida.
Más tarde empezó el programa y Anna aún estuvo más cariñosa conmigo. No pude evitar sonreírle unas cuántas veces. Me recordaba a los principios de nuestro tonteo, en el otro programa. Pero ahora era algo diferente. La conocía mucho más y ella a mí, y aún me gustaba más mirarla de esa manera. En el descanso se fue al baño y al levantarse me pasó la mano por el hombro, cosa que me sorprendió y me hizo mirarla mientras se iba. Cristina también se había ido a su camerino.
Terminamos el programa y me fui a mi camerino para recoger mis cosas e irme. Estaba de espaldas a la puerta, cuando oí sus pasos. Me giré asustado y la vi sonriéndome como antes, aún vestida con la ropa del programa.
-¿Qué haces aquí?-le pregunté sonriendo también.
-Jaja nada, despedirme de ti.-contestó.
-Ooh qué detalle...-contesté riendo.
-Lo sé.-dijo sonriendo una vez más y se acercó a mí para abrazarme fuertemente. Me sorprendió en un principio y luego le devolví el abrazo, apoyando mi barbilla en su hombro. Noté como me besaba el cuello y me estremecí al instante. Hacía tanto tiempo que no notaba eso... Me separé un poco de ella y ambos nos miramos fijamente a los ojos. Vi que la mirada de Anna descendía hacía mis labios y me puse nervioso.
-Anna, no me hagas esto...-le susurré apartándome un poco más.
-¿Por qué?-dijo extrañada.
-No sé, si nos ve Cris...
-Dani... Sé que estás enamorado de mi, y las miradas de este mediodía, los besos del programa, los abrazos que me das últimamente, cuando me tocas... haces que me sienta perfectamente y también te veo feliz a ti. Dani, reconócelo, sólo sientes eso por mí... por nadie más.
-Anna, yo...-contesté después de estar un rato en silencio.
-¿Tu qué, Dani?-dijo cogiéndome la cara con sus manos.
-Yo... me tengo que... ir...-me separé de ella y me fui de mi camerino, dejándola allí. Corrí hasta mi coche, para no encontrarme con ella otra vez. "¿Qué he hecho?" me iba repitiendo por dentro. "Dios, Anna... ¿qué ha hecho?" me preguntaba una y otra vez. Puse la radio a tope y me fui hacia mi casa. Al llegar, me fui directamente al baño. Necesitaba refrescarme, seguía nervioso y preocupado. Abrí el grifo y me pasé un poco de agua por la cara y el cuello mientras me miraba al espejo. -Esto no me puede estar pasando a mí...-me dije. Cerré el grifo y me sequé la cara con la toalla.
-Joder... ¡Soy un cobarde, soy un puto cobarde!-grité golpeando la puerta del baño.

diumenge, 29 de gener del 2012

Capítulo 144: "Me pides demasiado"

Los días pasaban y todo seguía igual. Yo no me encontraba a mí mismo y Cris seguía sin notarme nada extraño. Los programas se me hacían eternos, no veía la hora en que se acabaran. Tener a Anna tan cerca, dificultaba aún más mi situación. Siempre me sonreía, la abrazaba en los principios del programa, pero durante el resto del tiempo, nada de nada. Supongo que ella no quería molestarme, siempre ha sido así. Pero yo echaba de menos nuestras risas y nuestros abrazos en privado, por no hablar de nuestros besos y nuestras caricias... Anna se había convertido en una amiga, era eso, sólo una amiga. Pero para mi... sabía que en el fondo yo no la veía como una amiga. Jamás la volvería a ver de esa manera. Y eso era lo que más me dolía.
Un miércoles, al terminar el programa, pasé por delante su camerino. Cristina se había ido a grabar un reportaje y Anna estaba recogiendo sus cosas. Decidí entrar, sin más.
-¡Uy! Hola Dani, ¡me has asustado! ¿Qué pasa?-me preguntó extrañada.
-Anna... quería... hablar contigo.-le dije nervioso.
-Ah...-se quedó paralizada mirándome.
-¿Nos sentamos?-le propuse al ver que no reaccionaba.
-Si, claro...-contestó antes de sentarse. Me puse de caras a ella y la miré unos segundos en silencio.-¿De qué quieres hablar?
-Anna... yo... no estoy bien.
-Ya lo sé.-dijo en seguida.
-¿Ah si?
-Claro. Te conozco más que tu madre... Sé que no estás bien y te lo dije la última vez que hablamos. No sé... te noto perdido, no eres como antes. No quiero meterme en tu relación personal pero creo que tiene algo que ver con eso... ¿no? ¿Dani, estás bien con Cristina...?-al mencionar su nombre cerró los ojos, como quien no quiere decirlo.
-¿Q.qué? ¿Me preguntas por Cris?-su pregunta me sorprendió demasiado.
-Si... ¿No querías hablar de eso?-me dijo asustada.
-No... yo quería hablar de tu y yo.-le contesté más seguro.
-¿De tu y yo?
-Si... sé que casi nunca hablamos ahora y que siempre estoy con Cristina... Verás, me gustaría pasar más tiempo contigo.
-Pero Dani... a mí ya me está costando ser tu amiga, me pides demasiado...-dijo nerviosa.
-¿Te está costando? Pues no lo parece...
-¡Pues claro que me cuesta! ¿Tu sabes lo mal que lo paso al verte con ella?
-¿Qué?-dije abriendo los ojos
-Si, Dani, ¡joder! Que siempre estáis juntos, todo el día pegados, y yo no quiero estar contigo porque sé que ahora te gusta Cristina pero tengo que sonreír y darlo todo por mi trabajo y me esfuerzo... no sabes todo lo que me esfuerzo por hacerte creer que todo me da igual ¿sabes? No te das cuenta de nada... si tu estás mal, yo estoy peor.
-Pero Anna.-me cortó.
-¡Nada de peros! Tú tomaste una decisión sin tener en cuenta mi opinión, diste por acabada nuestra relación tú solo, Dani. Ahora no me pidas que seamos amigos.
-¡No me diste otra opción! ¿Qué querías que hiciera, eh? ¿Que continuara como siempre, comiéndome las babas de tu novio?
-No, pero podrías habérme dejado escoger a mí también, ¿sabes?-contestó levantándose.
-Lo hice Anna, te dejé elegir entre él y yo. ¿Qué más querías?
-Dejalo, Dani. No lo vas a entender nunca...-dijo enfadada y se fue enseguida, dejando la puerta abierta.
Cogí el móvil enfadado y me fui yo también a casa. Me senté en el sofá y me pasé allí toda la tarde, viendo la NBA. A las nueve y cuarto Cris llamó al timbre. No tenía muchas ganas de estar con ella... Anna me acababa de decir que aún sentía algo por mí, indirectamente, pero me lo había dicho. Y no había parado de pensar en ello. Fui a abrir la puerta y la vi seria también, como yo.
-Hola cariño...-la saludé dejándola pasar.
-Estoy cansada... estos reportajes me matan... suerte que estás tu aquí para consolarme.-dijo agarrándome del cuello de la camisa y dejándome un beso en los labios. Pronto se emocionó y el beso se transformó en otro de más largo...
-Cris...-dije separándome.-estoy cansado... no tengo ánimos. Ahora estaba durmiendo en el sofá...-mentí.
-¿Qué?-dijo sorprendida.
-Si quieres quédate a cenar pero es que hoy... estoy muy cansado, de verdad.-le dije intentando que se lo creyera.
-No, da igual. Si no me quieres me voy...-dijo enfadada.
-¡No es eso!
-Da igual, me voy. Adiós.-dijo cerrando la puerta de mi casa. Soy imbécil... sé que no soporta que la rechacen pero me vi obligado a hacerlo. Fui hacia el comedor para apagar la tele.
Me asomé al balcón y vi a Cris entrando en su coche. Al momento, una lágrima hizo camino por mi mejilla... -¿Por qué tiene que ser todo tan difícil?-me susurré a mi mismo mientras parpadeaba para evitar que me cayeran las otras lágrimas.

dissabte, 21 de gener del 2012

Capítulo 143: Esa horrible situación

Ya habían pasado dos semanas des de esa noche loca con Cristina. Me encontraba en el pasillo de los camerinos, caminando hacia el mío. Oí que dos de las maquilladoras cuchicheaban entre ellas mientras se reían y me miraban disimuladamente. Decidí no hacerles caso. Me adentré en mi camerino y cerré la puerta de un portazo. Me senté en el sofá y aproveché para estirarme como pudiera. Pero en ese mismo instante... llamaron a la puerta.
-Joder, ¿es que nadie me puede dejar tranquilo?-grité ya que me dolía bastante la cabeza ese día.
-Dani, soy yo.-mis ojos se abrieron como platos al reconocer su voz.
-Pasa.-contesté con cuidado. La puerta blanca se abrió y Anna me miró de arriba a bajo, mientras yo me colocaba correctamente encima del sofá.
-Hola...-dijo intentando sacar una sonrisa.
-Hola Anna.-contesté sonriendo. Entró y cerró la puerta. Me miró por segunda vez y se acercó a mí, sentándose a mi lado.
-¿Cómo estás?-me preguntó posando su mano sobre mi muslo.
-Pues... mira. Me duele la cabeza, ya sabes...-le repetí por tercera vez esa mañana.
-Ya... oye, todo el mundo está hablando de ti.-dijo apartando su mirada.
-Ya. Eso veo. No sé por qué.-dije algo enfadado. No soportaba que la gente hablara de mí, y menos de esa manera...
-Si lo sabes, Dani... no te hagas el tonto.-dijo ella también molesta.
-¿Ah si? ¿Ahora me hago el tonto, no? Muy bien Anna... si has venido para animarme, te estás luciendo...
-Oye, yo sólo he venido para ayudarte, y... preguntarte algo.-su tono de voz había cambiado por completo. Le temblaba un poco el labio inferior y me miraba con miedo.
-Dispara, ¿qué quieres preguntarme?-contesté frunciendo el ceño.
-¿Estás saliendo con Cristina?-dijo apartando la mirada rápidamente al terminar su pregunta.
-Anna, por favor, no me hagas hablar de este tema contigo...-dije tapándome la cara con una mano.
-¿Por qué? Todo el mundo habla de ello, Dani. Tampoco es nada malo...-dijo frotándose las manos.
-Ya... que no es nada malo. Y por eso todo el mundo está hablando de nosotros, ¿no?-dije cruzándome de brazos.
-Joder, quiero decir que si hablan de ti es porque se preocupan ¿sabes? todos me están preguntando qué te pasa, y no sé ya ni qué responderles. Últimamente estás muy raro, no te entiendo mucho. Ya apenas nos reímos juntos, como hacíamos antes y-la corté.
-¿Y qué esperabas? ¿Que todo fuera igual que antes? Estás muy equivocada Anna...
-¡Claro que no! Ya sé que las cosas ahora son distintas pero también tienes que poner de tu parte, no puedes estar cabreado con el mundo todo el día.
-No estoy cabreado con el mundo.
-¿Ah no? ¿Y con quién lo estás?-dijo mirándome fijamente.
-¡Conmigo mismo! Y ahora dejame, por favor.-le supliqué.
-No hasta que me respondas. Dime, ¿estáis juntos, o no? ¡Tampoco es tan difícil!-dijo levantando las manos.
-¡Si! ¡Si! ¿vale? ¡Si! Estoy saliendo con ella, ¿contenta?-dije lleno de rabia. No soportaba la situación. Me odiaba a mí mismo por tener que decir eso a Anna.
-¡Pues sí! ¡Contenta! Eso era lo que quería Dani, que me contaras la verdad. Que sabes que me tienes para lo que quieras y que me alegro de que estéis juntos...
-No seas mentirosa, Anna.-dije sin mirarla.
-¿Por qué?-preguntó otra vez con miedo.
-Porque sabes que no te alegras de que esté con ella.
-Vale, pero me alegro de que hayas encontrado a alguien y que... seas feliz.-me dijo levantándose.
-Pues muy bien.-dije serio aún sin mirarla.
-¿Muy bien? ¿No tienes nada más que decirme?-dijo con cara de ofendida.
-Bueno, que... gracias por preocuparte por mi. Y que no te preocupes por lo de Cris, que no te voy a contar nada sobre ella. Sería demasiado embarazoso para los dos...-dije mirándola a los ojos.
-Sabes que me lo puedes contar todo. Siempre y cuando quieras.-dijo sinceramente. Seguidamente me levanté y la abracé fuertemente.
-Gracias...-le susurré al oído.
-De nada.-contestó enseguida. Se separó de mí y se fue otra vez de mi camerino. Me dejé caer en el sofá. Soplé y me froté la cara con mis manos... Pues sí, Cris y yo estábamos saliendo des de hacía una semana, la verdad es que se lo pedí yo. Lo necesitaba, necesitaba estar con alguien. Ella aceptó sin dudarlo ni un segundo, como era de esperar. Mi tiempo con ella era perfecto. Estábamos riéndonos, abrazándonos y besándonos... y sin darme cuenta la empezaba a querer. Todo era perfecto hasta que llegaba la hora de ir a trabajar y se volvía todo horrible. Pero eso sólo me pasaba a mí. Cris seguía tan feliz como antes. Yo era ver a Anna y sentirme mal. Incómodo. Como en esas veces que no sabes realmente qué haces en un sitio, o que te sientes fuera de lugar. Pues eso era lo que me pasaba a mí. Como si no perteneciera al grupo, ni al equipo, sólo tenía ganas de arrancar a correr y alejarme de todos. Solía encerrarme en mi camerino y escuchar música con el móvil, recibir alguna visita de Cristina y reírme con ella para olvidar un poco al resto. Pero al empezar el programa, y tener a Anna a dos metros de mí, otra vez la misma sensación volvía. Cristina no tenía ni idea de todo eso, ni idea de cómo me sentía. Ni siquiera me notaba raro. Y yo, me encontraba solo en esto. Y no tenía ni idea de cómo salir de esa horrible situación.