El lunes por la noche me fui a dormir contento pero con las ideas claras. Había dos cosas de las que estaba absolutamente seguro: la primera, quería olvidarme completamente de mis sentimientos por Anna y, la segunda, no tenía ni idea de cómo iba a hacerlo. Pero estaba seguro de mi mismo, tanto como hacía tiempo que no estaba. Me sorprendí a mi mismo y me sentí orgulloso de haber cortado con ella. -A mí nadie me utiliza ni puedo ser segundo plato de nadie.-pensé. Y así, con las últimas reflexiones del día, logré dormirme con la seguridad y la confianza que hacía meses que no encontraba en mí mismo.
Mi despertador sonó a las 9:00. Hacía tiempo que no me levantaba tan temprano y en un principio me costó pero los nervios de verlos a todos me ayudaron a estar más despierto. Me vestí con mi camiseta de Converse roja y unos tejanos y desayuné en la cocina. Más tarde me eché colonia y por último me calcé y salí de casa. Una vez sentado en el coche, arranqué rápidamente y me fui directo a redacción. El mismo camino de siempre. Se me hizo extraño, hacía un mes que no pasaba por allí pero era como si nada hubiera pasado, como si todo volviera a la normalidad otra vez. O casi todo.
Aparqué y salí del coche decidido a saludar a cualquier persona que me encontrase por el camino. Entré y vi a Mónica y a María sacando un café de la máquina. Se giraron al oírme y me acerqué para saludarlas con dos besos a cada una. Fui de camino a mi camerino y me encontré con Flo y Cris hablando por el pasillo.
-¡Martínez! ¡Cuánto tiempo! ¿Qué tal, tío?-dijo Flo abriendo sus brazos para recibirme con un abrazo. Le abracé fuertemente y me separé para responderle.
-Qué pasa Floren, muy bien ¿y tu?-dije dándole una palmada en el hombro.
-Pues bien aquí con Cris hablando un poco.-respondió. Giré mi mirada hacia ella y saqué una pequeña sonrisa. Ella me miró sonriendo. Llevaba el pelo alisado y se había maquillado como siempre. Otra vez pensé en lo distinta que era a Anna...
-Hola Cris, ¿qué tal?-dije al acercarme para darle dos besos.
-Bien Dani, gracias.-contestó con otra de sus sonrisas.
-Bueno, voy a visitar mi camerino que me temo que está un poco abandonado, ¿no?...-dije sonriendo a los dos y entré en mi camerino. -El mismo olor de siempre.-pensé al entrar. Dejé mis llaves y me senté un rato en el sofá bostezando aún del sueño que tenía. Enseguida se me vino Anna en la cabeza. Suponí que estaría al llegar, siempre suele ser la última...
Bebí un poco de agua y poco después María llamó a mi puerta para pedirme que fuera a la sala de reuniones, dónde ya estaba todo el mundo.
-¿Ya están todos?-le pregunté nervioso.
-Si... eso creo. Venga, vamos.-me dijo haciendo un gesto con la mano. Me levanté despacio, dejando mi botella de agua sobre la mesa y salí del camerino. Miré hacia la derecha y vi que los guionistas estaban entrando en la sala, ni rastro de Anna. Entonces miré a la izquierda y vi a varias personas caminando también hacia la sala. -Anna tiene que estar entre ellas.-pensé. Y de pronto, la vi. Nuestras miradas se cruzaron entre la gente, y saqué una tímida sonrisa al instante. La encontraba realmente guapa, su piel estaba más morena por el sol y se había puesto una camiseta de tirantes negra y sus shorts tejanos con unas sandalias marrones. Llevaba el pelo suelto y ondulado. Iba sin maquillar. Me devolvió la sonrisa después de pocos segundos y se acercó a mí.
-Hola.-me dijo con una sonrisa de oreja a oreja al estar lo suficientemente cerca de mí.
-Hola Anna.-le contesté también sonriendo. Y en ese momento, ambos abrimos poco a poco nuestros brazos y nos acercamos el uno al otro para acabar dándonos un cariñoso abrazo. La sentí otra vez cerca de mí, su tripa pegada a la mía, su olor me recordó a tantas cosas, tantos momentos... Noté como ella también me olía el cuello y me daba un suave beso que casi no consigo notar. Estuvimos varios segundos parados, abrazados aún hasta que la gente empezó a mirarnos. Le di dos besos en la mejilla izquierda y ella me respondió con otro en mi mejilla derecha. Nos separamos y la miré a los ojos una vez más. -Qué ojos tan preciosos...-pensé. Me sonrió otra vez y se fue para saludar a Flo con otro fuerte abrazo. Los miré aún paralizado y otra pequeña sonrisa salió de mi boca. Noté como el corazón aún me latía rápidamente y continué andando hasta llegar a la sala de reuniones y saludar a Raúl y el resto del equipo.
Poco después entraron Anna y Flo y se sentaron el uno al lado del otro. Nosotros también nos sentamos y unos segundos después Miki y Flo empezaron a hablar.